Escribir una buena historia no es nada fácil; requiere de mucha práctica, planificación, dedicación, lectura y  estudio, como ocurre en cualquier otra profesión. Si le dedicas el tiempo y el esfuerzo necesarios, acabarás consiguiendo tu propósito.

         Te voy a ser sincera. El problema que veo en la mayor parte de las obras que evalúo es que, al autor le falta oficio. Y esa es una buena noticia, porque siempre estamos a tiempo de aprender. La mayoría de novelas que llegan a mis manos, presentan desequilibrios de  diversa índole. Veamos los más corrientes…

 

En el plano lingüístico y literario…

 

  • Precipitación y falta de intención en la escritura;
  • Errores de ortografía, gramática y sintaxis;
  • Problemas de estilo;
  • Falta de ambición literaria;
  • Falta de personalidad en la escritura;
  • Falta de dominio de los distintos registros.

 

La verdad es que pocos los autores demuestran un buen dominio del lenguaje como herramienta de creación literaria.

 

Valorando el tema

 

  • Algunos autores tienen problemas para incardinar de forma adecuada el telón de fondo y la historia;
  • En algunos manuscritos, el relato no aparece sustentado por un tema que actúe como telón de fondo.

 

Esto último no es imprescindible, pero resulta muy conveniente, ya que la narración gana en profundidad y cobra sentido, cuando los personajes actúan en un marco conocido por los lectores. Sobre todo, si se aborda un tema de actualidad o una cuestión que genera empatía y promueve el debate.

 

Valorando la historia

 

  • A menudo encuentro falta de ambición, de intención y de planificación en el desarrollo argumental.

 

  • No toda historia merece ser contada. Solo el instinto nos permitirá hallar la diferencia entre un argumento corriente y una gran odisea.

 

  • La mayoría de obras presentan errores en la construcción de escenas.

 

  • Ciclo narrativo y trama. Dos aspectos que conviene trabajar a fondo antes de comenzar la escritura. La falta de planificación resulta muy evidente y desmerece el trabajo realizado por el autor.

 

  • La creación de personajes y sus voces es un tema en el que se patina casi siempre. Construir una identidad no se improvisa, requiere tiempo y técnica. Lo mismo sucede con las voces. Pocas obras muestran diferencias entre los registros lingüísticos de los distintos personajes.

 

  • Otro problema recurrente: al inicio de la novela, pocos autores establecen el ancla. Resulta imprescindible ubicar al lector en las coordenadas de la narración, desde el inicio.

 

  • Los dos primeros párrafos han de resultar persuasivos. La persuasión es un elemento que se tiene en cuenta a la hora de emitir un dictamen.

 

  • En muchas obras queda patente que el autor desconoce los mecanismos que permiten controlar el ritmo interno del relato.

 

  • Especialmente importante: «No expliques, muestra a tus personajes en acción». El abuso del texto explicativo es responsable de muchas valoraciones negativas.

 

  • Pocos textos aprueban en lo que a visibilidad se refiere. Cuando escribimos, tendemos a imaginar que el lector conoce los espacios y ambientes donde transcurren los hechos. Apenas se trabaja el espacio psicológico y la creación de atmósfera.

 

  • A menudo se observa falta de equilibrio entre la narración, la descripción y el diálogo. Es un problema que compromete el ritmo.

 

  • Falta de acción dramática. Este desequilibrio suele aparecer cuando la acción no se ha fundamentado en un conflicto potente. También se detecta cuando no se ha planificado con acierto el ciclo narrativo.

 

  • Falta de tensión dramática. Resulta evidente en ciertos relatos que el autor no domina la arquitectura del suspense.

 

  • Desviaciones y digresiones. En toda historia, el autor lleva a sus personajes hacia el conflicto. Toda desviación de la línea de acción principal debe estar bien justificada para que no parezca un error.

 

  • La ficción generada debe resultar creíble. Hay errores frecuentes que podemos evitar para conseguirlo.

 

  • Problemas en la voz narrativa. Sobre todo, aparecen cuando se opta por la primera persona o por el narrador testigo. Son narradores atractivos, pero difíciles de manejar. Si no estás seguro, trabaja con la voz omnisciente.

 

  • La composición de la trama. Optar por el esquema clásico, la novela coral, la composición en capítulos alternos… No te arriesgues. Es mejor desarrollar un planteamiento sencillo y correcto que confeccionar una trama compleja, si no se domina la arquitectura.

 

  • Las fragmentaciones espaciales y temporales. Los errores en este sentido comprometen la continuidad, despistan al lector e impiden la lectura fluida.

 

  • La continuidad. Conviene comprobar que existe una buena conexión entre las escenas que componen cada capítulo y entre capítulos, para asegurar la fluidez en la lectura.

Otros aspectos que se valoran…

 

  • El público. Es importante que las obras tengan oportunidad comercial. Que gusten a un público amplio. Súbete a ese tren, si quieres tener alguna posibilidad de ver publicada tu obra. Literatura comercial no equivale a mala literatura.

 

  • La obra debe poder clasificarse sin lugar a dudas en un género concreto. Las editoriales acostumbran a organizar sus catálogos de esta forma. Si no logran ubicar la tuya, no la publicarán.

 

La mayoría de las obras que evalúo contienen varios desequilibrios. Al tratarse de novelas ya terminadas, resulta difícil convencer al autor de que las reescriba o, incluso, de que las replantee desde el principio, la experiencia me dice que es mejor descartarlas.

Por este motivo, la mayoría de editoriales y agencias literarias no aceptan manuscritos desarrollados, sino proyectos de novela que autor y editor puedan desarrollar de forma conjunta desde el principio.

 

Para el final de este apartado, he dejado lo más importante. Algo que debes tener bien claro. Si una historia me atrapa, me conmueve, me llega al corazón, obtendrá mi valoración positiva, a pesar de los desequilibrios que aparezcan en su resolución. El germen de una buena historia es lo que, en realidad, busca todo lector profesional. Por esto, repito: no todas las historias merecen ser contadas. Deja que venga a ti una que sí lo sea y habrás andado buena parte del camino… casi sin darte cuenta.

 

Bien. Estos son algunos de los problemas que me encuentro a diario cuando evalúo originales. Estos son los problemas que ocasionan que la mayoría de autores no vean publicadas sus obras. Como ya he dicho, es cierto que la industria está saturada, pero la mayoría de los manuscritos que llegan a mis manos no podrían publicarse, aunque existiera la posibilidad.

Te daré un consejo. Muchos autores, cansados de los continuos rechazos, recelan de los informes de lectura, también recelan de los editores y de su capacidad para seleccionar las mejores obras. Acaban despotricando contra ellos y acusándoles de los males que acechan a la humanidad. Es normal, pero se trata de una actitud que te alejará de tu objetivo. Si recibes una crítica piensa en positivo y ponte a trabajar. Ese es el camino.

Lectores, editores y agentes estamos deseando encontrar voces nuevas para ayudarlas a incorporarse al circuito comercial de forma honesta y sincera, en un momento realmente complejo. Dejarte aconsejar por estos profesionales es lo mejor que puedes hacer por tu carrera literaria.

Y desconfía

Desconfía de todo aquel que, de entrada, te asegure que tu obra es maravillosa; desconfía de todo aquel que te asegure que tu novela ha sido seleccionada entre muchas y que, después, te invite a autopublicarte, prometiéndote fama y gloria previo pago de cantidades abusivas. No firmes ningún contrato movido por la ilusión. Antes, consulta con un profesional de tu confianza. La autopublicación puede resultar una opción interesante en casos muy concretos.

Te recomiendo que escribas desde la humildad, si lo haces, tendrás mayores posibilidades de conseguir tu objetivo.

 

En resumidas cuentas…

 

  • Antes de pensar en publicar, piensa en escribir la mejor historia que puedas ser capaz de concebir. Una gran historia que pueda resultar rentable. Esto no se consigue sin estudio, sin lectura, sin planificación previa, sin intención expresa.

 

  • Es importante que planifiques tu aprendizaje a medio o largo plazo. No te convertirás en escritor realizando un cursillo de pocas horas y es difícil que lo consigas estudiando exclusivamente de manera autodidacta. Sin embargo, solo tú puedes decidir cómo quieres recorrer el camino.

 

  • No envíes un original a una editorial o a un concurso sin asegurarte de que, la versión que presentas, es la mejor que puedes escribir.

 

  • Las ediciones digitales, el marketing de contenidos, la edición a demanda suponen vías interesantes para el autor que comienza. Si la edición tradicional te cierra sus puertas, busca ventanas abiertas.

 

Terminamos este análisis aquí. En este capítulo hemos visto algunos de los errores que aparecen con mayor frecuencia en los documentos originales que evalúo a diario.

En los próximos capítulos, te explicaré cómo analizamos los lectores profesionales tu obra, cuando llega a nuestras manos. Si tienes en cuenta mis consejos, tus posibilidades de convertirte en escritor profesional aumentarán. ¿Estás preparado para trabajar? ¡Pues vamos a ello!

 

Súbete a mi barca y agarra el timón.

¿A dónde vamos, dices?

El destino lo decides tú.

Yo, si quieres, te acompaño…

 

Haz que un lector profesional competente se enamore de tu libro,

y este llegará a la mesa de un editor o de un agente literario

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